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EL NARCISISMO COMO POLITICA EXTRANJERA


Abril 22, 2009


El Presidente Obama acaba de regresar de su primera gira por Europa donde se reunió con los jefes de gobierno de la OTAN y del “Grupo de los Veinte”, y de su primer viaje a América Latina para participar en la Cumbre de las Américas. Al mismo tiempo le propuso al régimen radical de Irán participar en negociaciones bilaterales con los Estados Unidos, al gobierno de Rusia “recalibrar” las relaciones tensas entre los dos países, y al régimen de Corea del Norte le advirtió que podría sufrir “severas consecuencias” si llevaba a cabo sus amenazas de lanzar un misil capaz de alcanzar las costas americanas.


A pesar del corto tiempo del Presidente Obama en el poder (tres meses), ya se vislumbran los contornos de su política extranjera, y creo que es un buen momento para analizarla.


Durante su gira por Europa, Barack Obama se “excusó” por la “arrogancia” de pasadas administraciones americanas, sobre todo la de su predecesor. No importa que esa aseveración es altamente debatible, y que sin los sacrificios de los Estados Unidos Europa sería hoy parte de un Imperio Alemán o de una expansiva Unión Soviética. No importa que mientras los Estados Unidos, después de la Segunda Guerra Mundial, le extendió ayuda económica masiva a los gobiernos europeos para realizar la reconstrucción de una Europa en ruinas, y que les brindó protección militar (pagada por los contribuyentes americanos) por varias décadas, permitiéndoles manejar sus presupuestos sin el gravamen que impone la protección física de sus territorios durante la Guerra Fría.


Lo importante para el Presidente Obama era dejar bien claro que EL, Barack Obama, representaba un cambio radical y positivo en los Estados Unidos, que su administración “finalmente” reconocería a sus colegas europeos como “iguales”, y que la “funesta era del unilateralismo” americano había llegado a su fin. Europa no volverá a ser intimidada por las imposiciones de la arrogante política americana, porque el Presidente Obama es ahora un miembro más de la comunidad internacional.


Eso no quiere decir, de acuerdo con la Doctrina Obamista, que las amenazas a la paz mundial desaparecerán, pero la era de las confrontaciones innecesarias, de las amenazas y de denuncias a los gobiernos que discrepan de la política de los Estados Unidos, será reemplazada por nuevas iniciativas fundamentadas en el “respeto mutuo”, las negociaciones bilaterales, y la coordinación con los aliados.


Sus colegas europeos no tardaron en rechazar su petición para desplazar nuevas tropas aliadas en Afganistán, y de “estimular” el crecimiento económico con nuevos déficit presupuestales.


Quizás como un reto a sus pronunciamientos en Europa, Corea del Norte preparó el lanzamiento de un misil capaz de amenazar las costas Americanas. La respuesta de Obama fue fulminante: Rules must be binding. Violations must be punished. Words must mean something” (Las reglas tienen que ser aplicadas. Las violaciones tienen que ser castigadas. Las palabras necesitan ser creíbles). A las pocas horas de ese pronunciamiento, Corea del Norte lanzó su misil. Los Estados Unidos llevaron sus quejas al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde el veto de China y de Rusia empantanó las discusiones durante varios días.


Mientras tanto, Corea del Norte expulsó a los observadores de la ONU de su territorio, y comenzó el proceso de reactivación de su programa nuclear. Finalmente, la ONU “declaró su incomodidad” con el régimen coreano. El primer reto internacional al Presidente Obama terminó siendo su primer fracaso, a pesar de su brillante elocuencia.


Obama dirigió un video al pueblo Iraní prometiendo olvidar las diferencias del pasado entre los dos gobiernos, de comenzar una nueva era de negociaciones y de buena voluntad, e invito al gobierno de Irán a participar en conversaciones bilaterales, cambiando radicalmente la política extranjera de los Estados Unidos por muchos años.


El gobierno de Irán respondió con sus diatribas características, acelerando el desarrollo de su programa nuclear. La retórica de Mahmoud Ahmadinejad reiteró la intención de Irán de continuar su programa nuclear, y para enfatizar el discurso, arrestó una periodista americana, Roxana Saberi, acusada de espionaje, y quien posteriormente fue condenada por su “delito”. En este momento, la periodista es un rehén político del régimen Iraní.


Antes de su participación en la Cumbre de las Américas en Trinidad-Tobago, el Presidente Obama levantó las restricciones sobre los viajes y las remesas de los cubanoamericanos a Cuba, impuestas por el Presidente Bush en 2004. Quizás Obama pensó que el levantamiento de las restricciones facilitaría su participación en la Cumbre, y evitaría que el tema del embargo americano al régimen cubano se convirtiera en el tópico central de la reunión.


En la Cumbre, el Presidente Obama de nuevo se disculpó por los errores y abusos cometidos por los Estados Unidos en América Latina en el pasado, y le aseguró a los gobernantes presentes que EL, Barack Obama, representaba un cambio radical (“no me culpen por lo que ocurrió cuando yo solo tenía tres meses de nacido”) en la política Americana. Para enfatizar su nueva política de acercamiento, negociaciones, y diplomacia constructiva, Obama estrechó cordialmente las manos de Chávez y su círculo de acólitos, y escuchó pacientemente mientras Daniel Ortega fustigaba a los Estados Unidos por su injerencia en América Latina. Mientras la Presidente de Argentina demandaba el final del embargo a “la hermana República de Cuba”, el Presidente venezolano aprovechó la oportunidad para regalarle un libro a Obama en el que el autor culpa a los Estados Unidos por todos los problemas de América Latina, pasados, presentes, y futuros.


Todavía es muy pronto para analizar las consecuencias de la Cumbre de las Américas, y muchos conocedores aplauden el “nuevo curso” que se ha trazado los Estados Unidos en sus relaciones con América Latina. Muchos señalan a la cordialidad en la reunión para predecir la normalización de relaciones con Cuba y Venezuela, y un nuevo “respeto” por el vecino norteamericano. Por lo pronto, el Presidente Obama no rechazó la tendencia autoritaria en América Latina y la intervención militar del régimen venezolano en Colombia, por ejemplo.


Hablando de Colombia, Obama tampoco le ofreció apoyo a los gobiernos democráticos latinoamericanos, como Colombia, y solo vimos las fotos de sus charlas con Hugo Chávez, no con el Presidente Uribe. Y por supuesto, ni una sola palabra sobre el Tratado de Libre Comercio con Colombia, algo al que el Presidente Obama se opone. Ya veremos cuáles son los resultados de esta Cumbre a largo plazo, pero no me cuento entre los optimistas.


La política extranjera del Presidente Obama se fundamenta en confesiones públicas de supuestos errores y transgresiones que los Estados Unidos han cometido en años antes de su elección, y en extenderle un ramo de oliva a nuestros expresos, supuestos, y potenciales enemigos. De acuerdo con la Doctrina Obamista, los Estados Unidos carece de la “superioridad moral” que pretendía poseer en el pasado, y nuestros enemigos han utilizado esa “arrogancia” para promover sus causas. Con la nueva actitud de autoflagelación y humildad, el nuevo Presidente marca la pauta para un mejor entendimiento entre las naciones del planeta, sin pasar juicio sobre sus “características nacionales”. Todos somos iguales.


Si tuviera que escoger una palabra para definir la política extranjera del Presidente Obama, sin duda seria “narcisismo”. El Presidente Obama no pierde una oportunidad para culpar a sus predecesores, especialmente George W. Bush, por la impopularidad de los Estados Unidos y consecuentemente por el deterioro en la posición estratégica de este país. En sus primeros viajes al exterior, Obama pretendió reparar esa situación pidiéndole excusas a elementos cuestionables como los regímenes de Irán, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, etc., por el comportamiento arrogante y abusivo de los Estados Unidos en el pasado. EL, Barack Obama, representa la nueva realidad americana.


En ningún momento el Presidente proclamó los principios que han caracterizado a los Estados Unidos por casi tres siglos, el respeto por los derechos del individuo, la limitación Constitucional al poder del Estado todopoderoso, el respeto por la ley y las instituciones, etc. Y no los proclamó porque Obama no cree en esos principios. Su política, a pesar de que su administración sólo lleva tres meses en el poder, es de expandir el poder del Estado, demoliendo precedentes legales y estableciendo nuevas normas de control gubernamental sobre la economía.


En su política extranjera, Obama percibe a los Estados Unidos como cualquier otra nación en el planeta, sin derecho a reclamar el liderazgo moral y el ejemplo que ha representado desde su fundación. Con sólo tres meses en el poder, ya comenzamos a ver las consecuencias de esa visión, en Corea del Norte e Irán, y también en América Latina. Los retos han sólo comenzado.


Y todavía no he abordado la peligrosidad de la publicación de documentos secretos detallando las interrogaciones de terroristas capturados después del ataque de las Torres Gemelas, y de su posición de enjuiciar a oficiales de sus rivales políticos por ofrecerle consejos legales al Presidente anterior.


Sergio Calderón

EL RELAJAMIENTO DE LAS MEDIDAS SOBRE EL RÉGIMEN CUBANO

Abril 14, 2009

Las medidas anunciadas por la administración de Barack Obama ayer no sorprendieron a nadie. El candidato presidencial Obama dejó bien claro su posición de eliminar las restricciones sobre los viajes de los cubanoamericanos a Cuba impuestas por George W. Bush en 2004, y de permitir el flujo de una mayor cantidad de remesas familiares a la Isla. Las elecciones tienen consecuencia, como todo, y el nuevo Presidente anunció oficialmente el relajamiento anticipado de las medidas días antes de la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago.


Ofrezco las siguientes observaciones para la consideración del lector:


Primero, además de justificar el relajamiento de las medidas por sus intenciones humanitarias, como el facilitar reuniones familiares (de Estados Unidos a Cuba, no viceversa), etc., los que apoyan los viajes a Cuba de cubanoamericanos argumentan que el intercambio de ideas con los amigos y familiares de los viajeros promueven ideas de libertad y rechazo al régimen cubano.


Sin embargo, mi experiencia personal (no puedo citar encuestas al respecto) me sugiere que la mayoría de los cubanos que viajan a Cuba desde los Estados Unidos comparten una visión del exilio y los Estados Unidos muy similar a la que proyecta la maquinaria propagandística del régimen cubano. Esos viajeros generalmente usan el lenguaje dogmático del régimen, que incluye expresiones como “la mafia de Miami”, “el bloqueo”, “la injerencia americana en asuntos cubanos”, etc. No creo que esos viajeros van a promover sentimientos de democracia en Cuba, sino que van a resolver los problemas económicos de sus familiares y nada más. Y eso es sin contar los que van a “vacilar” a Cuba….


No tengo la menor duda de que también van a Cuba otros que aprecian la libertad que disfrutamos en los Estados Unidos, y que definitivamente representan una esperanza para los cubanos en la Isla con quienes se reúnen, pero en mi opinión son los menos.

Segundo, aunque el relajamiento de las medidas resultará en un aumento en los viajes y las remesas a Cuba a corto plazo, no creo que el aumento se sostenga a mediano y largo plazo debido al deterioro progresivo de la economía americana. En mi opinión, el turismo a Cuba y el nivel de remesas disminuirá en los próximos meses a no ser que el gobierno americano decida permitir el viaje de otros ciudadanos americanos (no cubanos de origen).


Tercero, las decisiones del gobierno americano incluyen la posibilidad de negociar transmisiones televisivas a Cuba mediante los satélites, y conexiones al sistema de fibraóptica del internet. Yo no creo que el régimen cubano, que hace solo unas horas realizó redadas en La Habana para confiscar antenas parabólicas y arrestar a sus usuarios, permita que los cubanos tengan acceso a la televisión extranjera y al internet en mayor grado. Será interesante escuchar los argumentos del régimen cuando rechace esas ofertas, pero no tengo la menor duda de que serán rechazadas.


Cuarto, si Obama piensa que anunciando estas medidas evitará ser presionado durante el fin de semana por los gobiernos latinoamericanos para que levante unilateralmente el embargo económico a Cuba, creo que está equivocado. La Cumbre representa una oportunidad propagandística para Cuba, Chávez, y sus aliados, para fustigar a los Estados Unidos y apoyar al régimen cubano. Le sugiero a Obama que acorte su viaje a Trinidad lo más posible.


Es muy pronto para discernir hacia donde se dirige la política de Obama en lo que respecta al régimen cubano, pero mi sospecha es que poco a poco los Estados Unidos van en camino de la “normalización” de relaciones. Eso no quiere decir que la permanencia del régimen está garantizada, porque son muchos los factores influyentes, desde la esperada muerte de Fidel Castro, el deterioro económico universal, eventos en Venezuela, pugnas incipientes en la cúpula del poder, etc. Este es un momento de incertidumbre.


Sergio Calderón

EL PRIMER RETO

Abril 6, 2009

Después de cuatro semanas de una recuperación parcial en las bolsas de valores, algunos economistas se atreven a predecir el fondo del ciclo deflacionario y el comienzo del repunte económico en los Estados Unidos. No solo son las bolsas de valores las que sugieren una recuperación, sino otros indicadores también reflejan o auguran mejoras en la economía en los próximos meses. ¿Tienen razón estos expertos?


Yo no lo creo así, pero todo depende del horizonte de tiempo que se use para medir la actividad económica. El gobierno le ha inyectado TRILLONES DE DOLARES a la economía mediante el mecanismo del “Federal Reserve”, que controla el agregado monetario, y los subsidios patrocinados por el Departamento de la Tesorería, y mediante el déficit gigantesco reflejado en el presupuesto federal. Esos “estímulos” monetarios tienen como objetivo detener el ciclo deflacionario en la economía, provocado por la crisis financiera de 2008, y es muy probable que resulten en un aumento en la actividad económica temporalmente.


El peligro que reconocen los mismos expertos que predicen la recuperación económica, es que el exceso de dólares en circulación, junto con la irresponsabilidad fiscal manifiesta en el presupuesto federal, resultará a mediano plazo en un ciclo inflacionario casi imposible de controlar. El resultado podría ser una repetición, con mayores consecuencias, del ciclo de “stagflation” (débil crecimiento económico junto con un nivel alto de inflación) que caracterizó la presidencia de Carter.


Además del peligro de una inflación descontrolada, yo creo que la política de la administración de Obama (y el Congreso Demócrata) de imponer una agenda de centralización económica representa una amenaza para el crecimiento económico aún mayor que la propia inflación (lea “TODO TIENE CONSECUENCIAS“).


Esto es solo un aparte, porque hoy quiero referirme por primera vez a la política extranjera del nuevo Presidente. Hasta este momento he evitado comentar sobre este tema, ya que Obama lleva solamente dos meses y medio en la presidencia. Pero durante su campaña electoral, Obama prometió una política extranjera fundamentada en el concepto de “multilateralismo”, o sea, una preferencia marcada por la política concertada con otros gobiernos y organizaciones multinacionales como las Naciones Unidas. Obama entonces criticó duramente la supuesta política “unilateral” de George W. Bush, ejemplificada por la invasión de Iraq.


En medio de su primera gira a Europa como Presidente, en la que Obama proclamó su “humildad” y su “reconocimiento” de la “arrogancia” de los Estados Unidos en las relaciones con sus aliados europeos (ese es un tema interesante por su propio peso), el régimen totalitario de Corea del Norte anunció su intención de lanzar un misil con alcance intercontinental, supuestamente para desplazar un satélite en órbita. La respuesta firme de Obama en uno de sus “town meetings” (reuniones informales con ciudadanos promedios) que acostumbraba convocar durante la campaña electoral y que trasladó a Europa, prometió que si Corea insistía en su “provocación”, la respuesta de los Estados Unidos sería contundente (“las violaciones deben ser castigadas… las palabras necesitan ser creíbles”).


Corea del Norte lanzó su misil, ignorando las amenazas vacías del Presidente americano y las maniobras militares en el Pacífico por parte de los Estados Unidos y Corea del Sur. ¿Y cuál es la respuesta de los Estados Unidos? Llevar el asunto al Consejo de Seguridad de la ONU, donde China y Rusia, que poseen el poder de vetar cualquier resolución que no sea de su agrado, ya han paralizado el debate. Este es el primer ejemplo de la política “multilateral” de Obama, complementando su incapacidad en la gira europea de conseguir el apoyo material de la OTAN en su escalada militar en Afghanistan, y del G-20 en su política fiscal.


El mayor peligro no es Corea del Norte, aunque sus previas ventas de tecnología de misiles a Irán presentan una amenaza inmediata, y aunque su capacidad de construir bombas nucleares y material radioactivo pudiera convertir a grupos terroristas en mayores amenazas a la civilización. El mayor peligro es que este primer reto al nuevo Presidente servirá para que otros regímenes tomen la medida del nuevo Presidente mientras formulen sus planes futuros.


Este “incidente” terminará con una resolución inconsecuente en la ONU, y pronto desaparecerá de los titulares de los medios de comunicación, pero su efecto será profundo. Otros gobiernos, incluyendo nuestros propios aliados, como Israel, cuya propia existencia peligra ante las amenazas de la teocracia iraní, también toman medida del nuevo Presidente, y la lógica demuestra que la política extranjera de los Estados Unidos no es confiable. Ucrania y Georgia también se deben estar preguntando si no sería mejor acercarse a la Rusia de Putín que a los Estados Unidos de Obama. Polonia y la República Checa probablemente debaten sus preocupaciones. Etcetera.


La provocación de Corea del Norte es el primer reto, pero vendrán otros. Hay que ver si el nuevo Presidente aprende de sus lecciones o si su agenda ideológica es más importante. Un mal comienzo.


Sergio Calderón

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